Narcisismo Saludable

A un mes pasado del 2021 quizás haya alguien que ya se lamente frustrado por la falta de compromiso con su listado de propósitos de año nuevo. Y es que la tendencia siempre es recurrente: cuando un año llega a su fin, se intenta vislumbrar el próximo colmándolo de todas aquellas cosas de las que nos lamentamos el anterior.

Dentro del listado de propósitos, el autocuidado pasa a ser una prioridad, tornándonos más exigentes con nosotros mismos si cabe. Comenzar a hacer deporte, tener una dieta más equilibrada, cultivar la mente, encontrar una afición que satisfaga y otorgue constancia…Una suma de deberes que, a pesar de su aparente forma impositiva, relajan en su mero propósito. Paradójico.

El listado enunciado parece tener una raíz común, el deseo de cuidarse, de tenerse en cuenta y darse protagonismo. Y es que parece que hay un mantra social, que pretende imponer esta necesidad de cuidarse de una manera sublime e idealizada. Por supuesto, esto podría ser estupendo, siempre y cuándo también sea respetable la posibilidad de que a veces uno pueda no llegar a todo, que las circunstancias le puedan abrumar y haya un día en el que, por ejemplo, pueda saltarse la dieta; en resumidas cuentas, asumir los límites. La cuestión es que del descuido y la desatención parece buscarse mediante un salto intimidatorio al cuidado más perfeccionista, más cercano a un ideal social más que una escucha del deseo propio.

Esta búsqueda de la imagen ideal me hace pensar en el pobre Narciso, quién quizás se sentiría frustrado al ver que sus lamentos ni han sido escuchados ni entendidos. Para los despistados, hablo del personaje que nos relata Ovidio en sus Metamorfosis.

Y es que el joven Narciso era muy deseado por todos, pero lamentablemente nadie le había generado una gran impresión. Tras el conflicto ocurrido con la ninfa Eco, hiriéndola con el rechazo de su amor, nuestro protagonista es castigado con la imposibilidad de encontrarlo en otro que no fuera en sí mismo. Pero este sentimiento de amor incondicional se vuelve poco a poco en su contra al sentir la limitación de no poseer lo que desea, no tocarlo, no sentirlo… “Lo que deseo está conmigo: mi riqueza me ha hecho pobre (…) quisiera que lo que amo estuviera lejos.”, perpetuándolo a un sufrimiento eterno.

Así, en el hecho de quererse parecen necesarios estos límites, pues lo incondicional puede devenir en patológico. La importancia de reconocer los defectos, vulnerabilidades y limitaciones propias conducen a un camino de búsqueda en el otro, en el entorno, en no quedarse en nuestra subjetividad buscando colmarnos; además de quizás construir aficiones, cuidados y quehaceres más acordes con lo que uno quiera.

¿La dificultad principal reside en encontrar un equilibrio? La sociedad actual no nos ofrece facilidades al respecto, en un momento marcado más por los excesos o los defectos. Todo o nada.  

Sintiendo de nuevo caer en la repetición, Freud puso de relieve las tendencias narcisistas, así como la evolución de las mismas en nuestro desarrollo  en Introducción al narcisismo (1914). Tal y como señala, “(…) el atractivo del niño reside en buena parte en su narcisismo, en su complacencia consigo mismo y en su inaccesibilidad”; puesto que si uno observa a un niño, no es difícil reconocer actitudes que parecen alardear de su omnipotencia, la ausencia de limitaciones y el reconocimiento de que todo lo que hay a su alcance forma parte de sus posesiones. A medida que el tiempo transcurre no queda otra que asumir los límites propios y señalados por los demás.

Freud también reconoce la existencia de las pulsiones de autoconservación, como las fuerzas inherentes a todo ser humano que buscan, obviamente, asegurar la supervivencia y el cuidado, surgiendo el narcisismo como un complemente intrínseco a este tipo de impulsos internos. Progresivamente, lo saludable pasaría porque el amor por uno mismo pueda desplegarse a otros objetos, reconocidos como tales, pudiendo establecer una relación, un vínculo, no centrado en la individualidad.

El proceso se complejiza si tenemos en cuenta el papel jugado por las fantasías e idealizaciones con base a esos estadios tempranos. El narcisismo infantil se asienta en todas las perfecciones valiosas que han sido consideradas y que siempre residirán en nuestro interior deseando ser satisfechas; por ejemplo, en la vida amorosa, “(…) el no ser amado deprime el sentimiento de sí, mientras que el ser amado lo realza.”

La cuestión es que el hecho de quererse es sano, necesario e intimista, por lo que parece lógica la escucha hacia lo que realmente uno puede ser desear; pero debe encontrarse en equilibrio con aquello que me falta.

Recientemente leía un artículo de Helena Bejar (Contra el esfuerzo) que ponía sobre la mesa las repercusiones de la denominada psicología positiva, la que desde luego parece restar complejidad y madurez a nuestro psiquismo. Si tan fácil resultara el calado de pensamientos positivos y de confianza, todo el mundo podría encontrar una pronta e inmediata autoestima. Que determinada afirmación cale en nuestros significantes no sucede de manera mágica, sino que tenemos que estar preparados para su escucha y posterior coherencia actitudinal. Esta socióloga afirma que la tendencia genera más mal que bien, sobretodo en circunstancias como las actuales dónde el entorno nos devuelve inseguridad, confusión, incertidumbre y miedo.

El mandato por estar bien debe ser comprensivo y respetuoso. “La cultura nos saca de nosotros mismos”, señala también Bejar, y es en esta ida y vuelta con el entorno dónde debería residir un equilibrio que nos haga sentir cómodos y no sobredemandados.

Nuestro cuidado es algo primario, algo que implica conocimiento y escucha. El proceso mismo de acudir a terapia es dar importancia a un yo, a un discurso, a un punto de vista, a una perspectiva en detrimento de opiniones de otro que a veces tienden a ser sobreestimadas. Muestro mi incredulidad ante los gurús de la felicidad, la clave para quererse cuando uno se asoma ante un espejo no se sustentará mirando de reojo a quién quiera chivar frases bonitas, por muy halagadoras que éstas sean.

Quererse sin ideales hará posible querer a los demás de la misma manera.

Bibliografía

Bejar, H. (2021). Contra el esfuerzo. El país. Madrid.

Freud, S. (1914). Introducción al narcisismo. Obras completas, Vol. XIV.Amorrortu editores.

Ovidio. Metamorfosis. Ediciones Cátedra. Madrid.

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