Adaptación

“Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño tranquilo, encontrose en su cama convertido en un monstruoso insecto”. Quién nos iba a decir que este famoso comienzo podía ofrecer algún paralelismo con nuestra realidad y, al igual que Gregorio, nuestras circunstancias cambiarían de un día para otro sin previo aviso.

Una de las grandezas de este inicio reside en mostrar una inquietante angustia al confrontarse con un nuevo comienzo, totalmente inesperado, dónde toda realidad anterior ha cambiado, exigiendo reacción y adaptación.

Y es que no nos olvidemos del momento que atravesamos, dejando de ver a los que suelen estar cerca, resultando imposible realizar aquélla actividad a la que nos habíamos enganchado y nos hacía sentir bien, dejando de fantasear con el viaje planeado para el próximo mes o ver hechos añicos proyectos deseados en lo laboral o en lo personal.

Porque si tomamos conciencia de todas estas dificultades, al igual que le ocurrió a Gregorio, ¿no entenderíamos que las sensaciones de miedo y angustia nos invadieran? Desde mi punto de vista, resultaría muy poco humano lo contrario, estando tan acostumbrados a fomentar una ilusión de control y certidumbre.

Así, si la mayor parte de las consultas de psicología en el último tiempo estaban repletas de personas padeciendo ansiedad y estrés, entremezclados con síntomas depresivos, no me cabe la menor duda intuir que este número no hará otra cosa que aumentar.

Obviamente, se augura que la situación de pandemia también contará con efectos importantes en la salud mental de la población, puesto que como decía, somos humanos y como tales sentimos. Epidemiólogos e investigadores de sus efectos colaterales anticipan una explosión del número de trastornos del estado de ánimo y de ansiedad que se producirán en meses sucesivos. Quizás leer esto pueda asustarnos, pero como siempre, abogo por intentar comprenderse.

Simplificando este tipo de sintomatología, la ansiedad no es otra cosa que miedo y sus reacciones fisiológicas consecuentes; cuando nuestras ilusiones de predictibilidad y control se desvanecen, es lógico que aparezca el malestar ante esa incertidumbre a la que no estamos acostumbrados. La mente puede comenzar a jugarnos malas pasadas, construyendo pensamientos y fantasías que nos hacen augurar problemas y situaciones de peligro, dónde realmente no las hay o bien son desproporcionadas a las que podrían ocurrir.

Sentirse irritable, irascible, triste y con un estado de ánimo cambiante ahora mismo es lo lógico, por lo que es importante no anticipar ni caer en autodiagnósticos que poco ayudan, asumiendo que se va a atravesar por una depresión o trastorno de ansiedad generalizada. Tener episodios dónde lo emocional pueda parecer un sentir desbocado, no quiere decir que no se pueda limitar de algún modo ni que se trate de un trastorno.

Aunque nos cueste aceptarlo, el miedo es una emoción con la que deberíamos convivir y reconciliarnos. No se puede olvidar que la salud también pasa por entender nuestro sentir, las reacciones ante las circunstancias que nos rodean.

Por lo que, ¿cómo aceptar la angustia y no hundirse en ella?

Habituarnos a una nueva realidad y rutina requiere tiempo cronológico y mental, el cuál no suele seguir el mismo ritmo ni por asomo que el primero. Dependiendo de la importancia que tenga para nosotros a lo que se tiene que renunciar o cambiar podríamos hablar de meses o años.

Un primer paso puede ser establecer cambios en los hábitos diarios, los cuáles ayudan mucho a estructurarse. Por ello desde el comienzo de esta pandemia se ha dado importancia a la generación de una nueva rutina.

Por otro lado, la importancia de cuidar del entorno en el que vamos a estar, así como a uno mismo puede seguir contribuyendo a reconocerse. Uno de los aspectos más complicados es hacer todo lo que hacíamos fuera en un mismo espacio, así establecer pequeñas variaciones de una actividad a otra, podría ayudar a tener una sensación de mayor dinamismo.

Aunque no podamos realizar del mismo modo aquellas actividades que daban sentido a nuestro ocio, aquí nuevamente deberíamos encontrar una adaptación, sobre todo para no abandonar aquello que nos hace sentir bien y permite abstraernos.

Igualmente, en la importancia de compartir y seguir fomentando lo social, del modo en el que antes lo hacíamos, podemos encontrar un buen aliado para no dar rienda suelta al malestar descontrolado.

No sabemos lo que tendremos que amoldarnos a esta nueva normalidad de la que tanto se habla, por lo que encontremos una nueva rutina en la que de nuevo podamos identificarnos y que ayude a sentirnos bien.

Hasta entonces no se debería olvidar algo tan sencillo como es la comprensión con nosotros mismos, escucharse también es un buen límite ante el miedo que pretenda desbocarse.

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2 comentarios

  1. Hola Elena.
    Veo que has tomado con fuerza el reinicio del blog. El momento es propicio y creo que los psicólogos vais a tener un arduo trabajo a la salida de esta crisis y durante la misma. La depresión, la ansiedad, el estrés posttraumático… Seguro que esos serán los principales síntomas. Aunque la mente humana es compleja y nunca sabes por dónde va a ir. Cada vez conozco más casos de personas a las que el confinamiento les ha producido una especie de paz y bienestar. Lo sé bien porque es mi caso. He pasado de llevar una vida hiperactiva (y también placentera, de ocio, de ritmo escogido) a una clausura total. Lo previsible hubiera sido mostrar los síntomas de depresión y ansiedad. Pero, para mi sorpresa, me siento estupendamente. Por supuesto que me preocupa cómo vamos a salir de ésta y, sobre todo, cómo va a ser la vida a partir de ahora, cómo vamos a establecer las relaciones sociales en adelante entre otras cosas. Pero creo que el frenético ritmo que llevábamos tenía que parar. Por ejemplo, a mí me gusta mucho viajar y lo hacía siempre que podía, pero qué duda cabe que eso no es sostenible. Y asumo que en lugar de hacer 4 o 5 viajes al año tendré que hacer uno. Pero tengo paz y serenidad cuando lo pienso. Ésto no quiere decir que más adelante cambie mi estado mental. Cruzo los dedos por que no sea así.
    Sigo trabajando desde casa. Si necesitas algo dímelo. Estoy tramitando el préstamo interbibliotecario de artículos electrónicos, por ejemplo. Por si quieres leer algo que no tengas a mano.
    Muchos besos y mucha suerte.

    1. Hola Carmen!
      Me dio mucha alegría recibir tu comentario y te doy las gracias por regalarme unos minutos y leerme.
      Estoy de acuerdo, resulta un momento idóneo para retomar este espacio, que tenía desde hace tiempo pero que el ritmo frenético del que hablas me ponía muy difícil lo de dedicarle horas. Ahora parece totalmente necesario buscar esta vía para al menos estar más accesible y acercarnos todos un poco más.
      Entiendo lo que me comentas porque a veces tengo esa misma extraña sensación de vivir esto en paz y tranquilidad, pues como dices ha permitido que paremos un poco a replantear lo importante. Creo que lo más complejo vendrá ahora, al adaptarnos a una realidad diferente con mucha incertidumbre. Veremos a ver lo que nos va deparando estas nuevas rutinas…
      Yo creo que es importante no tener miedo a que cambie nuestro estado mental, porque es lógico que lo haga en función de las circunstancias; lo importante es cómo hacer frente a esos cambios, que estoy segura que tendrá recursos para confrontar el malestar si es que aparece.
      Muchas gracias por el ofrecimiento de los artículos, lo tendré en cuenta 🙂
      Gracias de nuevo.
      Un abrazo muy fuerte.

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