(Des)conectar

Agosto ha comenzado sus días y no me parece que se trate de él; al menos, el clima nos devuelve lo esperable, con sus temperaturas sin tregua y el calor sofocante que empuja irremediablemente a la lentitud. En este año tan atípico parece que algunos meses no han acontecido, que dimos un largo salto en el tiempo, descolocándonos y emborronando toda planificación posible.

Las vacaciones veraniegas siempre las he encontrado asociadas con playa, descanso y desconexión, además de una recarga de pilas para recomenzar y el espacio para dar forma a algún nuevo proyecto. Lo que me conduce a un septiembre asociado con buenos propósitos entremezclados con algo de melancolía respecto a la ociosidad anterior.

Aun así, hay tantas formas de entenderlas como personas en el mundo, por lo que podríamos pasar por aquéllos que les cuesta regalarse un descanso y parar, a los que huyen del calor y del sol.

Sean como sean las vacaciones suelen tratarse de una ruptura y una distancia con lo cotidiano.

En cambio, todo parece un poco de mentira este año y hasta esta época estival parece tener un regusto raro, como si se tratara de una broma o como si casi no fueran merecidas; teniendo en cuenta que uno se encuentre en el grupo afortunado de poder saborearlas. Hasta el concepto que se tenía de éstas parece haber cambiado sustancialmente de meses atrás, cuando uno se podía permitir fantasear en momentos de fatiga, anhelándolas y esperando con deseo su disfrute.

Las despedidas a las que he tenido que hacer frente también estaban cargadas de incertidumbre, señalando tímidamente que uno se iba, sin mucha confianza y con menos ilusión; los planes y las esperanzas también se han cargado de límites.

Si uno acude al significado de vacaciones en el diccionario, éste hace referencia a la suspensión del trabajo, de los estudios o de toda aquella actividad que es habitual en la vida de alguien para descansar; podría inferirse que uno puede dedicar en libertad el tiempo del que dispone para realizar todo aquello que le guste. Su procedencia latina vuelve a hacer referencia a la desocupación, al descanso temporal de una actividad habitual.

Por lo que ciñéndonos al significado mismo del término, sea en mayor o menor medida, ¿debemos renunciar a esta desconexión? A pesar de que las circunstancias no acompañen ni sea como años anteriores, ¿uno no puede regalarse un tiempo de descanso?

Indudablemente este año debemos tener muy en cuenta el añadido de las circunstancias vividas; desde los colegios profesionales de salud mental se aboga por la importancia más que en ningún otro momento de darse este tiempo, puesto que las situaciones de sobrecarga emocional pasan factura. A lo que debe unirse el incremento de los síntomas de ansiedad, angustia y miedos recurrentes, para los que son necesarios buenas dosis de serenidad y tranquilidad para contraatacar los pensamientos con cierto cambio de perspectiva.

El efecto de ruptura con lo habitual siempre tiene un efecto positivo. Existe una técnica en el ámbito artístico que recibe el nombre de extrañamiento o desfamiliarización, que hace referencia al intento de convertir algo cotidiano en ajeno e insólito, pretendiendo poner una mayor distancia con el objeto que se observa para justamente analizar que encierra para cada uno, que se encuentra alineado en el mismo. Se trata de dar una nueva perspectiva a lo cotidiano.

En la clínica también uno se puede encontrar con los beneficios de este fenómeno, tratándose de los períodos de vacaciones como una manera muy positiva de poner cierta distancia respecto al malestar, a todo el continente en el que uno se encuentra envuelto. Puesto que, ¿quién no ha dejado de ver un problema más pequeño al alejarse un poco de él?

Se puede dotar a las vacaciones de esta nueva significación; convertirse en un tiempo de desconexión con lo habitual pero de conexión y acercamiento a uno mismo, a lo que desea y necesita.

A veces el hecho mismo de parar puede encerrar cierto temor y malestar, puesto que se trata de un acto de confrontación con uno mismo sin escapatoria. En cambio, las dosis de incertidumbre que nos estamos acostumbrando a aceptar pueden contrarrestarse con una mayor estabilidad interna, para lo que indudablemente es necesario esta reconciliación.

Ante esto, dejándome llevar por la coherencia, me retiro a mis días de (des)conexión para afianzar la perspectiva futura.

Descansen. Felices vacaciones.  

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2 comentarios

  1. ¡Qué buen resumen de lo que están significando estas vacaciones! Aunque son raras, especiales, vienen bien para ver lo que está pasando con cierta distancia. Procuremos disfrutarlas, aunque no sean las de siempre.
    Me encanta todo lo que escribes en tu blog. Cada vez más. No dejes de hacerlo.
    Felices vacaciones y muchos besos para los tres

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